El día que Almafuerte visitó Gualeguaychú

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

                                                           Avanti

Invitado por el señor Gerónimo Vela, presidente de la Biblioteca Sarmiento, el poeta oriundo de San Justo, provincia de Buenos Aires, visitó la ciudad de Gualeguaychú en el año 1915.

Una multitud esperaba en el puerto la entrada del vapor Golondrina que transportaba al señor Pedro Bonifacio Palacios, conocido por su seudónimo Almafuerte. La banda de música del regimiento 10 saludó con diferentes acordes la feliz llegada del distinguido viajero. Tras un discurso de bienvenida pronunciado por el reconocido periodista Policarpo De la Cruz Domínguez, el poeta no se hizo esperar y agradeció en sentidas y elocuentes frases la distinción de que era objeto.

Del puerto, en auto, acompañado por miembros de la comisión y del pueblo, se dirigió a su alojamiento en el Hotel Comercio (25 de Mayo y 3 de Febrero). Luego del descanso, en su visita a los establecimientos públicos, pronunció frases de elogio y de admiración por el observado progreso de la ciudad, máxime cuando supo que en casi su totalidad eran obra del pueblo.

Después de recorrer la Biblioteca, caminó por la calle 25 de Mayo donde le llamó la atención la concurrencia que había y los numerosos autos y carruajes que iban y venían. Entusiasmado por la demostración de simpatía que espontáneamente le hacían los lugareños, concurrió a la biblioteca “ Olegario V. Andrade” de la sociedad “Por la Patria y el Hogar”. Allí, la educacionista señorita Camila Nievas, presidente de la Institución, recibió y agasajó al poeta en la forma que ella sabía hacerlo y explicó al visitante la historia de la fundación y su noble propósito. Almafuerte, asombrado por el relato, recitó allí unos de sus versos que le valieron las felicitaciones de la selecta concurrencia que poblaba los salones de la Sociedad de Socorros Mutuos entre Argentinos y Orientales, sede por entonces del Instituto Magnasco.

El escenario del Teatro Gualeguaychú fue el lugar de presentación del señor Palacios en su vuelo de genial poeta. Este flamante coliseo, que lucía sus recientes pinturas y decoraciones, estaba colmado de gente antes de empezar la velada. Palcos, platea y cazuela, pisos y frente de entrada llamaron la atención del poeta que vio en la obra del edificio la competencia de sus constructores y la actividad de la comisión de caballeros que tenía a su cargo la inspección y vigilancia de la obra inaugurada el año anterior.

Un discurso que revelaba la preparación de quien lo leía, fue pronunciado por el señor Gerónimo Vela; enseguida, Almafuerte recitó algunas de sus Evangélicas de manera magistral. Levantado el telón por repetidas veces, el poeta recibió algunos ramos y terminó su brillante conferencia con interesantes palabras.


INFANCIA RECORDADA

El recién llegado, huérfano de madre a edad temprana, recordaba quizás las carencias afectivas y económicas de su infancia; tal vez por ello hizo una visita al Asilo de la Caridad y tuvo palabras de elogio para la institución y para las virtuosas hermanas que lo dirigían, por la buena organización del establecimiento.

Admirado por la cantidad de asilados, en su mayoría niñas pequeñas, prometió una segunda visita a la ciudad para dar una conferencia a beneficio de la institución.

Una semana después de su regreso, envió una carta a la señora María Dolores Daneri de Garbino, presidenta de la sociedad. El poeta, que era todo sentimiento según decían, acompañaba la misiva con una suma de dinero dedicada a pintar de blanco algunas camitas de las pequeñas asiladas.

Tras prometer a la Caridad darle un beneficio cuando realizara su segunda visita a esta ciudad, que sería después de dictar sus conferencias en Paraná, se dirigió al Hospital Centenario, realizó un recorrido, conversó con los enfermos y felicitó a las damas de beneficencia por su grandiosa obra.

Mas tarde, fue a la Escuela Normal Mixta, donde se había organizado una fiesta en su honor; la Vicedirectora, señorita Mercedes Mojica, saludó en un brillante discurso al poeta que escuchó atentamente sus composiciones recitadas en aquel acto social.

Llegada la noche; próxima la hora de la partida, el pueblo se puso en marcha para dar la despedida al distinguido viajero, llenando buena parte del muelle. Arribó el señor Palacios en medio de los aplausos, y una vez a bordo del Golondrina, el señor Sixto Vela, en breves, pero sentidas y elocuentes frases, y en nombre del pueblo, dio la despedida al ilustre poeta, quien fatigado y emocionado, no pudo hablar; pero su secretario, en su nombre, agradeció la distinción que le habían hecho, exclamando que:- en Gualeguaychú había encontrado su pedestal y que le dejaba el corazón.

Colaboración: Prof. Elisa María Fernández

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