La estatua ecuestre del general San Martín

LA ESTATUA ECUESTRE DEL GENERAL SAN MARTÍN
Artículo Periodístico publicado el día domingo 10 de noviembre de 2013 en Diario "El Argentino de Gualeguaychú.
Sección: Historias de vida.

Textos: Profesora Elisa María Fernández 

El porqué de su orientación hacia el sur

En 1910, la comisión encargada de presidir los festejos del centenario de la Revolución de Mayo se reunió con frecuencia para tomar diferentes resoluciones relacionadas con el acontecimiento; una de ellas fue la de levantar una estatua ecuestre del general don José de San Martín, en la plaza principal.

Luego de varias discusiones sobre el sitio adecuado para la ubicación del novedoso monumento, decidieron colocarlo en el lugar ocupado por una columna conmemorativa de los días históricos de la República y de la provincia de Entre Ríos, levantada en 1879, en el centro de la plaza mayor de Gualeguaychú - denominaba entonces Independencia.

En una de las reuniones, la comisión aceptó la propuesta enviada por Antonio Soatti, escultor de la Capital Federal, especialista en obras del género buscado. Su boceto indicaba para pedestal de la estatua una simulada roca de granito artificial con base de seis por siete metros y elevación de cuatro o cinco metros, donde se colocaría el monumento proyectado.

Completaban la escena grandes chapas de mármol ─en los frentes norte y sur─, en una de las cuales iría dibujado en relieve el sol de Mayo, con su color apropiado, y una gran palma de bronce proporcionada al volumen del monumento. A la derecha se podía ver en el boceto un cóndor de bronce del mismo color y material de la estatua, situado sobre la roca, el que apretaba entre sus garras la bandera argentina, también de bronce.

Otra chapa de mármol en el frente principal permitía inscribir en ella, en letras de relieve, la leyenda alusiva a la alegoría. La comisión pensaba en un verso o en una estrofa del canto épico de Olegario Víctor Andrade conocido como El nido de cóndores.

El conjunto, rodeado por cuatro columnas ligadas en forma artística, era del mismo material que el pedestal.
Reunidos el autor del proyecto con los miembros de la comisión para completar explicaciones sobre la alegoría y modificar o ampliar el boceto, la comisión hizo solo algunas observaciones y la obra quedó como estaba proyectada.

En los primeros días de abril de 1910 comenzó la demolición de la columna en medio de una serie de propuestas sobre la nomenclatura de las calles que convergían en el centro de la plaza. Desde El Censor, diario de la tarde, se sugería que estas denominaciones se relacionaran con acontecimientos nacionales alusivos a la lucha por la Independencia. Así se proponía a la municipalidad bautizar con el nombre de Maipú ─uno de los triunfos del Gran Capitán─a la calle que hoy se conoce como Luis N. Palma y que esta última tomara el nombre de aquélla. La propuesta dio lugar a discusiones.

Sin embargo, el interrogante que tuvo mayor acogida popular en esos tiempos fue el de la orientación del monumento. La gente se preguntaba cómo se resolvería la disposición de la estatua. 

Según el diario de la tarde mencionado, si decidían colocarla mirando al Este, la actitud del héroe con su brazo extendido y el índice en gesto arrogante concebidos por el artista, incitaría a pensar que el valiente vencedor de San Lorenzo reprochaba el atraso de aquellos parajes; a pesar de que en su apoyo podría argumentarse que señalaba el sol de Mayo que allí se levanta de su lecho de oro y de grana.

Algo similar podía ocurrir si lo orientaban hacia el Norte; iguales razones se aducían en contra; pero también cabía otra posibilidad: que el prócer señalara la calle Belgrano, otro grande de la Patria.

Con la mirada al Oeste, el libertador de Chile y de Perú indicaría el derrotero de los Andes, el teatro de sus legendarias hazañas; y la comisión resolvería ampliamente su problema sustituyendo el nombre de la calle Luis N. Palma por la de Maipú, el glorioso triunfo de armas de San Martín y el que consolidó la independencia chilena.

Si la imagen del Libertador se orientaba hacia el Sur, recordaría a Justo José de Urquiza encarnado en su más gloriosa acción: la del 3 de Febrero. El nombre de las arterias a su frente respondía a esta idea.

Según el director de El Censor, estas dos últimas opciones complacían a la mayoría de los lectores, aunque la mirada hacia el sur representaba para los hombres de la época el prefacio y el epílogo de nuestra independencia: San Martín y Urquiza; Libertad y Constitución.

No hay comentarios: